Yo también estuve en el Toralín

Casi diez mil personas presenciaron ayer, domingo 23 de mayo de 2010, un acontecimiento histórico en nuestra ciudad, porque nos guste o no, el fútbol mueve masas y siempre está de actualidad.

Las gargantas acabaron afónicas, las palmas de las manos doloridas, algunos corazones al borde del infarto, pero el mal rato que los de Granero nos hicieron pasar mereció la pena. Cuando Mackay detuvo el lanzamiento de Tarradellas noté como el cuerpo se me aflojaba, y apareció un cansancio que me recordó a los momentos posteriores a un gran esfuerzo físico.

La imagen de la Virgen de la Encina se recortaba en el cielo frente a mí. Pensé que a buen seguro algo había tenido que ver en la hazaña, al igual que los diez mil asistentes, como el banquillo, de la misma forma que el delegado de campo, como los niños recogepelotas y los camareros de los bares del estadio, incluso los guardas de seguridad y la señora que nos alquila las almohadillas. También, cómo no, los que por diversas circunstancias no pudieron acudir al campo. Todos tuvimos algo que ver, un pequeño grano de arena necesario, si bien el mayor porcentaje de ese éxito se debe al cuerpo técnico, encabezado por Granero, y a una plantilla que ha estado toda la temporada logrando el ascenso, partido a partido, gol a gol.

He tenido la suerte de presenciar en directo los dos ascensos a Segunda de la Deportiva, al igual que muchos deportivistas. En Alicante medité sobre la enorme suerte que tenía de ver ascender a mi equipo por primera vez. Lo de ayer colmó casi todas mis expectativas como aficionado, aunque nada se puede descartar con este equipo y, sobre todo, con esta afición, cuyo contrato no tiene cláusula de rescisión y no es susceptible de traspaso a otro equipo. Además, siempre juega de titular.

Me alegro enormemente del ascenso: por nuestra ciudad, por nuestra afición y sobe todo por nuestros niños. Ahora tienen un aliciente más para poder llegar a jugar en su Deportiva, un equipo de Segunda, esperemos que por mucho tiempo, si es que la Primera no se cruza en nuestro camino.

 
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